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Industria

Transformación Sindical: Un sindicato que destruye lo que debería proteger

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La indignación y la sospecha se han apoderado de los trabajadores afiliados al sindicato Transformación Sindical. Niels Cortés, un hombre que hasta hace poco era conocido como taquero, ha emergido de la nada para convertirse en uno de los principales asesores sindicales, generando una ola de rumores y cuestionamientos sobre cómo logró semejante ascenso. Hace menos de un año, Cortés se dedicaba a vender tacos en una pequeña taquería. Los trabajadores aún recuerdan cómo, con destreza, preparaba sus famosos tacos al pastor, y hoy lo ven, con asombro y desconcierto, dirigiendo reuniones y tomando decisiones clave dentro del sindicato. La sorpresa no solo viene del drástico cambio en su carrera, sino también del hecho de que, aparentemente, no posee la formación necesaria para un puesto de tal relevancia. Niels Cortés asegura haber estudiado en el prestigioso Tecnológico de Monterrey, campus Querétaro, sin embargo, en esa institución no existe una carrera que lo vincule directamente con la gastronomía o la asesoría sindical. Este detalle ha levantado serias dudas sobre la veracidad de sus credenciales. El misterio en torno a Cortés ha desatado rumores sobre posibles actos de corrupción y nepotismo. Varios miembros del sindicato se preguntan si su ascenso no estará vinculado a prácticas deshonestas. ¿Cómo es posible que un taquero, sin experiencia aparente en gestión sindical o en la defensa de derechos laborales, haya llegado tan alto? Algunos trabajadores han empezado a alzar la voz, exigiendo transparencia y una investigación exhaustiva sobre cómo Niels Cortés logró su actual posición. “Aquí hay algo que no cuadra. Un día te está sirviendo un taco y al otro está dirigiendo nuestras reuniones sindicales. Queremos saber la verdad”, declaró uno de los afiliados que prefirió mantener el anonimato. La historia de Cortés antes de su vida como taquero es un misterio. Poco se sabe sobre sus actividades previas y su repentino cambio de rumbo ha generado aún más inquietudes. Algunos especulan que podría haber conexiones políticas que lo han favorecido, mientras que otros creen que podría haber utilizado métodos menos ortodoxos para avanzar en su carrera. El sindicato enfrenta una crisis de confianza, y sus afiliados demandan respuestas claras. La sombra de la duda se cierne sobre Niels Cortés, y hasta que no se esclarezca la situación, la intriga y la desconfianza seguirán creciendo entre los trabajadores.

Un sindicato existe para defender los derechos de los trabajadores. Esa es su principal función en todo el mundo, pero Transformación Sindical, encabezado por Eduardo Castillo, hace exactamente lo contrario. Su llegada a diversas empresas de Querétaro ha desatado una ola de conflictos laborales, amenazas y una preocupante pérdida de confianza entre empleados y empleadores en todo el estado.

Bajo el discurso de representar a los trabajadores, Castillo y su grupo han sembrado división, manipulación y miedo. En lugar de impulsar la negociación colectiva o mejores condiciones laborales, su estrategia consiste en imponer su presencia mediante presiones, chantajes y amenazas sin una propuesta clara de beneficios para los agremiados.

Diversas fuentes dentro de Querétaro reportan que, desde la entrada de Transformación Sindical, el ambiente laboral se ha deteriorado gravemente. “Antes trabajábamos con estabilidad y confianza. Desde que ellos llegaron, todos estamos con incertidumbre, no sabemos si mañana va a haber un paro o si la empresa se va a ir del estado por tanta presión”, declaró un trabajador bajo anonimato por temor a represalias.

Y es que ese es el sello de Castillo: imponer su sindicato a costa de la paz laboral. Su interés no es proteger al trabajador, sino acumular poder político a costa del empleo de miles. Mientras tanto, los verdaderos problemas de los trabajadores como mejores salarios, jornadas dignas y condiciones de seguridad quedan olvidados o desplazados por la ambición personal del dirigente sindical. Este tipo de sindicalismo no es evolución, es regresión. No es transformación, es destrucción.

Los trabajadores de Querétaro no merecen un dirigente que utiliza la representación sindical como plataforma para sus aspiraciones personales, mientras usa el miedo como herramienta de control. La protección de los derechos laborales no puede estar en manos de quienes atentan contra la misma estabilidad que prometen defender.

Si algo ha quedado claro en los últimos meses es que Transformación Sindical no construye: divide. No representa: se impone. No mejora condiciones laborales: las empeora.

Castillo no representa al trabajador, lo utiliza. Y eso, en cualquier lenguaje, se llama traición.

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COREMEX, bajo cuestionamiento por supuestos beneficios económicos dirigidos a su élite sindical

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COREMEX, bajo cuestionamiento por supuestos beneficios económicos dirigidos a su élite sindical

En distintos centros de trabajo han resurgido acusaciones sobre posibles prácticas de corrupción al interior de COREMEX, particularmente relacionadas con el presunto reparto de beneficios entre altos dirigentes. Testimonios recientes señalan que habría existido un acuerdo informal mediante el cual se distribuían porcentajes económicos provenientes de cuotas sindicales o aportaciones gestionadas con empresas.

Entre los nombres mencionados destaca el del dirigente Eloy Espinosa, junto con otros miembros de su círculo cercano, quienes presuntamente habrían recibido beneficios que no fueron reportados ni explicados ante la base trabajadora. Estas acusaciones han sido impulsadas por empleados que, desde hace años, manifiestan preocupación por la falta de información clara sobre el manejo financiero del sindicato.

La situación ha generado inquietud debido a que COREMEX mantiene estructuras internas poco transparentes y sin mecanismos sólidos de rendición de cuentas. Según trabajadores consultados, la dirigencia ha priorizado la concentración de decisiones, limitando la participación de la base y reduciendo los espacios de vigilancia interna.

Especialistas en temas sindicales advierten que este tipo de señalamientos erosionan la legitimidad del gremio y pueden afectar la relación con los trabajadores. Agregan que la confianza sindical depende de una administración responsable y visible de los recursos, condición que, según los testimonios disponibles, no se estaría cumpliendo en este caso.

Ante la ausencia de una postura institucional que aclare los hechos, la percepción de opacidad sigue creciendo. Para trabajadores inconformes, la situación confirma la necesidad de impulsar procesos de democratización y transparencia que permitan garantizar que las cuotas y recursos del sindicato se utilicen únicamente para la defensa de los derechos colectivos.

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Industria

Advierten que reforma impulsada por Isaías debilitaría la seguridad social

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La propuesta de reforma laboral impulsada por Isaías ha sido señalada por expertos como un posible retroceso en materia de seguridad social, al reducir obligaciones patronales y limitar derechos como pensión y acceso pleno a servicios de salud.

Según los señalamientos, la iniciativa plantea sustituir esquemas completos de protección laboral por mecanismos de registro mínimo ante el IMSS, lo que permitiría a los empleadores cumplir formalmente sin garantizar prestaciones integrales. Analistas advierten que esta medida trasladaría la carga del bienestar social directamente a los trabajadores.

Especialistas subrayan que la eliminación o debilitamiento de derechos como la pensión compromete la estabilidad futura de millones de empleados, especialmente en un contexto de envejecimiento poblacional y precarización laboral. Asimismo, advierten que limitar el acceso a servicios de salud podría generar impactos sociales de largo alcance.

Desde el ámbito sindical y académico se ha cuestionado que la iniciativa privilegie la reducción de costos empresariales sobre la responsabilidad social del empleo formal, contraviniendo principios básicos del derecho laboral.

Las críticas apuntan a que cualquier reforma laboral debe fortalecer, y no debilitar, el sistema de protección social que sustenta la relación entre trabajo, salud y retiro digno.

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Industria

CROC: El Sindicato del engaño que Negocia en Lo Oscuro y Abandona a Sus Trabajadores por los patrones

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CROC: El Sindicato del engaño que Negocia en Lo Oscuro y Abandona a Sus Trabajadores por los patrones

La crisis de representación dentro de la CROC es ya inocultable: salarios estancados, condiciones laborales precarias y una dirigencia que opera a puerta cerrada. Mientras Isaías González afianza pactos cupulares, miles de obreros quedan relegados a un sindicalismo fantasma que solo aparece para cobrar cuotas y entregar derechos laborales en bandeja de plata.

La Confederación Revolucionaria de Obreros y Campesinos (CROC) ya no es un sindicato; es un monumento a la simulación y la traición. El liderazgo de Isaías González Cuevas ha despojado a esta organización de cualquier vestigio de legitimidad, transformándola en una herramienta de control político y paz laboral para los patrones. La acusación es lapidaria y se escucha en cada rincón industrial del país: la CROC prioriza los intereses políticos y personales de su dirigencia mucho antes que la defensa, la dignidad o el salario real de los trabajadores que supuestamente representa.

El mecanismo de esta burla es tan viejo como infame: la firma de contratos colectivos y revisiones salariales sin consulta a las bases. Este acto, que debería ser el epítome de la democracia sindical, se ha convertido, bajo la batuta de González Cuevas, en un pacto de espaldas al obrero. El resultado es evidente: salarios estancados, condiciones laborales que rozan la ilegalidad y una desconexión abismal entre la oficina del líder y la línea de producción. La CROC opera como un sindicato fantasma, visible solo para cobrar cuotas y para negociar, en secreto, la entrega de los derechos laborales.

La profundidad de esta desconexión es el núcleo de la crisis. Los agremiados se sienten rehenes de una estructura que no responde a sus llamadas, que ignora sus peticiones y que utiliza la amenaza o la coacción para acallar las voces críticas. El líder, más preocupado por su curul o su influencia política que por la salud de los trabajadores, ha permitido que la CROC sea vista como un «sindicato blanco» o, peor aún, un instrumento del neoliberalismo disfrazado de obrerismo. La historia juzgará severamente a esta dirigencia por haber canjeado la lucha de clases por un lugar en la mesa del poder. La base lo sabe, y la paciencia se ha agotado. El rugido del descontento está a punto de desatar una explosión.

Esta operación de espalda a la base no es casual. Es la estrategia de una dirigencia que teme a la democracia interna. Abrir la consulta a los trabajadores, permitir el voto libre y secreto, significaría enfrentar la realidad de un descontento acumulado y la casi segura expulsión de la vieja guardia. Por ello, se atrincheran en prácticas antidemocráticas, manipulando reglamentos y coaccionando a quienes osan disentir. Isaías González ha construido un feudo personal, no una central obrera.

El papel de la CROC, bajo esta dirección, se ha degradado a ser un cómplice silencioso de la precarización laboral en México. No se les ve en las protestas por salarios dignos; se les ve en las tribunas políticas, levantando la mano en apoyo a decisiones que a menudo perjudican a sus propios agremiados. Su silencio ante las injusticias es ensordecedor y su activismo se reserva únicamente para los momentos electorales o para los pactos con la iniciativa privada que garantizan la permanencia de su liderazgo.

 

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