Laboral

Contratos a espaldas del trabajador: la CROC y su maquinaria de simulación laboral

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La CROC enfrenta uno de los señalamientos más graves de su historia: la firma sistemática de contratos patronales sin consultar a los trabajadores. Lo que para cualquier sindicato debería ser una línea roja, para la central ha terminado convirtiéndose según múltiples denuncias públicas en una práctica “normal”, silenciosa y profundamente dañina para la clase obrera.

Un sindicato que negocia sin trabajadores

Los testimonios coinciden en un punto central: la CROC firma contratos antes de que los trabajadores sepan siquiera que están afiliados. No hay asambleas, no hay votación, no hay consulta. Lo que sí hay es una negociación de “paz laboral” con empresas que buscan evitar conflictos, auditorías o presiones internas.

Ese modelo, construido desde la opacidad, tiene un propósito claro: mantener a la dirigencia sindical en una posición de poder económico y político. La voz del trabajador es irrelevante para una estructura que ha perdido su esencia.

La corrupción bajo la máscara de representación

Las denuncias exponen un patrón: representantes sindicales que aparecen únicamente para cobrar cuotas y firmar acuerdos con patrones, pero nunca para defender a los empleados. La narrativa es conocida: “aquí ya hay sindicato, ustedes no deciden”. Así se instaura un control total sobre la vida laboral del empleado sin su consentimiento.

Estas prácticas son consideradas por especialistas como una de las formas más agresivas de corrupción laboral. No solo violan la ley: violan la dignidad del trabajador, que queda atrapado en contratos que no eligió y que casi siempre son diseñados para beneficiar al empleador.

La consecuencia: un sistema de injusticia laboral

Cada contrato firmado sin consulta es una sentencia: salarios bajos, condiciones precarias, beneficios mínimos y cero voz en procesos de negociación. Esta desconexión genera un entorno donde el patrón manda y el sindicato obedece.

La CROC, según sus críticos, dejó de ser organización obrera. Hoy opera como gestora de contratos de protección y administradora de cuotas, no como defensora de derechos.

Los trabajadores están hartos, y el reclamo social crece. La simulación ya no se esconde. Hoy, más que nunca, la CROC debe responder por un sistema que no solo es injusto: es una traición a quienes debería representar.

 

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