Economía
Transformación y ¿fin? del sector prendario en México
Alonso Pérez vive en la periferia de la Ciudad de México: es un joven de 26 años que se
encuentra desempleado por primera vez en muchos años. Tiene una hija de 3 años que
está próxima a entrar a la educación preescolar y una esposa embarazada que se
encuentra delicada por su condición de alto riesgo. Su familia vive en la sierra de Guerrero
en condiciones próximas a la pobreza por lo que no puede recurrir económicamente a
ellos.
El empeño ya no es una opción para él, pues el único objeto de valor que posee es un
celular de la marca Motorola por el que espera que le llamen para una oportunidad
laboral.
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La realidad de la familia Pérez es la de muchos mexicanos que se encuentran ante
problemas de liquidez y sin la posibilidad de obtener recursos mediante un empleo, sin
ahorros y sin muchas opciones de mejorar su situación en el corto plazo.
Pero hay un aspecto importante que Alonso no ha considerado y es que, desde ese
celular, puede solicitar un préstamo a una de las decenas de instituciones que han
proliferado en México desde el año 2017 y que ha tenido un incremento sustancial de
aplicaciones de servicios financieros y préstamos sin necesidad de acudir a una sucursal,
desde el ascenso de la pandemia de Covid -19.
“Mi primera opción fue la casa de empeño, pero ponían muchos peros y la verdad es que
no tenía yo alguna joya o televisión de plasma. Ahora sí que Creditea (empresa que presta
por internet desde 5 hasta 70 mil pesos, según se oferta en internet) se convirtió en mi
único chance de tener una lana rápida”.
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¿Dónde quedaron las casas de empeño y por qué no se adaptaron a la transformación
digital y la inclusión financiera? Su modelo de negocio quedó en el siglo pasado y pronto
podremos asistir al final de esa tradición mexicana del empeño que tanto frecuentaron las
familias del país. ¿Será que se acerca la extinción de la tradición de empeñar?